Síndrome Genitourinario
de la Menopausia (SGM)

29 de abril de 2026

Por Adriana Posadas, PA-C, MSCP

El Síndrome Genitourinario de la Menopause (SGM)  se define como una constelación de signos y síntomas genitales, sexuales y urinarios asociados con la disminución de los niveles de estrógeno durante la menopausia. Esta disminución del estrógeno provoca cambios significativos en los labios genitales, el introito, la vagina, el clítoris, la vejiga y la uretra. Cuando nuestros ovarios dejan de producir estrógeno, la piel de estas zonas se ve afectada. La piel se vuelve fina, seca e irritada, y puede desgarrarse con facilidad; pierde su elasticidad. El pH vaginal normal oscila entre 4.0 y 4.5, lo cual constituye un entorno ácido; este ambiente ácido tiene una función protectora. Sin embargo, con el SGM, el
microbioma vaginal cambia a medida que lo hace el pH vaginal, lo que puede aumentar elriesgo de desarrollar infecciones. Se produce una disminución de la lubricación y dolor durante las relaciones sexuales.

Estos cambios en el microbioma afectan a la uretra y a la vejiga, y pueden provocar síntomas urinarios como urgencia, frecuencia miccional, incontinencia (pérdidas de orina) y un mayor riesgo de sufrir infecciones complicadas del tracto urinario (ITU). Un pequeño porcentaje de mujeres posmenopáusicas experimenta infecciones recurrentes del tracto urinario inferior. Las bacterias que causan la infección de la vejiga pueden ascender por el tracto urinario y llegar a los riñones. Una persona mayor que contrae una ITU puede presentar síntomas diferentes a los de una persona más joven con la misma infección (fiebre, dolor y urgencia). Pueden manifestar cambios en el estado mental, y el
reconocimiento de la infección puede retrasarse. Esta infección puede derivar en sepsis, la cual puede resultar mortal. El tratamiento de las ITU recurrentes puede conducir a la resistencia a los antibióticos, lo cual también puede ser grave. El objetivo, tras el tratamiento antibiótico inicial, es prevenir la recurrencia de las infecciones. Prevención, prevención y más prevención: ¡esa es la palabra clave!

La atrofia vulvovaginal es un componente del SGM. La piel de la vulva, la vagina y la uretra se adelgaza y pierde su color y su elasticidad. La abertura vaginal se estrecha, por lo que los exámenes ginecológicos y las relaciones sexuales pueden resultar dolorosos. Las pacientes pueden experimentar síntomas como sequedad (no solo durante las relaciones sexuales), picazón e irritación. Estos síntomas son crónicos y progresivos, pero pueden revertirse mediante el uso continuo de estradiol vaginal tópico. Encontrará más información al respecto a continuación.

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Hasta el 50 % de las mujeres se ven afectadas por el SGM. Estos síntomas pueden tardar muchos años en manifestarse, aunque algunas mujeres pueden desarrollarlos ya durante la perimenopausia.

El término SGM no es perfecto; en realidad, hace referencia a un estado de bajos niveles de estrógeno. También puede presentarse en estados pre-menopáusicos, cuando ocurren cambios hormonales, como después del parto, en mujeres lactantes, durante el uso de anticonceptivos orales, etc.

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A diferencia de los síntomas vasomotores, que pueden remitir con el tiempo, los síntomas del GSM suelen ser progresivos, empeoran con el paso del tiempo y persisten indefinidamente si no se reciben tratamiento. Entonces, ¿qué podemos hacer para prevenir todo esto?

Terapias sin prescripción: Existen opciones no hormonales que ayudan a aliviar la sequedad y el dolor durante las relaciones sexuales: (1) evitar los factores desencadenantes y (2) utilizar hidratantes y lubricantes vaginales de venta libre. Sus efectos son de corta duración y no producen cambios en la piel vaginal ni vulvar. Los hidratantes vaginales de larga duración crean una barrera que retiene la humedad, pero no promueven cambios permanentes en la piel.

Terapias con prescripción: El estrógeno vaginal en dosis bajas cuenta con la base de evidencia más sólida. Mejora la sequedad vulvovaginal y la dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales, que suele ser el síntoma que causa mas molestia), y reduce las infecciones del tracto urinario (ITU) hasta en un 50 %. El uso de estrógeno restablece el flujo sanguíneo vaginal, disminuye el pH vaginal, mejora el grosor y la elasticidad de los
tejidos vulvovaginales y favorece la presencia de bacterias beneficiosas. Puede tomar algún tiempo, entre 2 y 3 meses,  alcanzar su plena eficacia, por lo que es importante tener paciencia. ¡La constancia es fundamental!

Existen diversas presentaciones (comprimidos, cremas, anillos), las cuales parecen ser igualmente eficaces. Lo más habitual es que se prescriban para su administración intravaginal de 2 a 3 veces por semana.

El uso de estrógenos vaginales tópicos es muy seguro; además, favorecen el microbioma vaginal. La dosis de estrógeno tópico es muy baja y no se absorbe a nivel sistémico (en todo el organismo). Incluso las mujeres que reciben terapia sistémica con estrógenos (para todo el cuerpo) pueden utilizar estrógenos vaginales tópicos, ya que sus efectos no se suman. Su uso es seguro incluso en mujeres que han padecido cáncer de mama, dado que no se produce absorción sistémica. El estrógeno vaginal tópico constituye un tratamiento de por vida y su uso debería ser no negociable.

Dehidroepiandrosterona (DHEA/Prasterona) vaginal: La DHEA es un precursor tanto de los estrógenos como de los andrógenos. Ha sido aprobada para su uso diario en forma de supositorio vaginal para el tratamiento de la dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales) de moderada a grave, causada por la atrofia y la sequedad vulvar; asimismo, reduce las molestias asociadas a los síntomas genitourinarios en un rango del 40 % al 80%. 

Ospemifeno oral (Osphena): Un agente oral para el tratamiento del GSM. Se trata de un SERM (un agonista/antagonista de los receptores de estrógeno) aprobado para el tratamiento de la dispareunia de moderada a grave asociada a la atrofia vulvovaginal. Esta opción es ideal para aquellas mujeres que prefieren un tratamiento por vía oral. Se administra a diario.

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Disculpen la extensión de esta publicación, pero es un tema que me apasiona profundamente. Se trata de una cuestión de suma importancia que puede tener un impacto significativo en la salud y el bienestar de las mujeres.

¡Feliz Bloom!


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